El reloj marcaba cerca de la 01:30 cuando el silencio habitual de la madrugada en Sauces 6, al norte de Guayaquil, se quebró de forma brutal. Mientras el barrio dormía, varios hombres avanzaron por una peatonal con pasos firmes y rostros cubiertos. Vestían ropa similar a la de agentes policiales, un detalle que no levantó sospechas inmediatas.
La vivienda estaba en calma. Dentro, dos hombres descansaban, ajenos a lo que estaba por ocurrir. En cuestión de segundos, los atacantes ingresaron al inmueble y el sonido seco de los disparos rompió la noche. Fueron entre ocho y diez detonaciones, suficientes para sellar el destino de las víctimas y dejar al sector sumido en el miedo.
Los agresores huyeron rápidamente, dejando tras de sí una escena marcada por la violencia. Minutos después, moradores alertaron a las autoridades. Unidades de Criminalística llegaron al lugar, acordonaron la zona y comenzaron a reconstruir lo ocurrido bajo la tenue luz de las linternas. Antes de las 04:00, los cuerpos fueron trasladados a la morgue para las diligencias legales.
Este crimen no es un hecho aislado. Forma parte de una escalada de violencia que golpea con fuerza a la Zona 8, integrada por Guayaquil, Durán y Samborondón, donde ya se contabilizan más de 150 homicidios en lo que va del 2025. La modalidad —sicarios disfrazados de policías y ataques directos en viviendas— se repite y profundiza la sensación de inseguridad entre los ciudadanos.
Hasta el momento, la Policía Nacional no ha ofrecido detalles sobre los responsables ni las motivaciones del ataque. En Sauces 6, en cambio, la madrugada dejó algo más que dos muertes: dejó miedo, preguntas sin respuesta y un barrio que volvió a despertar con el sonido de la violencia.