La Función Judicial del Ecuador atraviesa uno de sus momentos más delicados. La mañana de este lunes 12 de enero, la jueza Enma Tapia anunció su renuncia a la presidencia subrogante de la Corte Nacional de Justicia (CNJ), cargo que ejercía desde el año pasado, en una decisión que profundiza el remezón institucional que vive el sistema judicial.
A través de un mensaje difundido en redes sociales, Tapia explicó que su salida responde a una postura de coherencia institucional y a su visión crítica sobre los encargos temporales dentro de la justicia. “Los encargos son excepcionales y revisables, y no podía beneficiarme de aquello que considero debe ser examinado con rigor institucional”, señaló la magistrada.
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La dimisión ocurre en un contexto de creciente tensión dentro de la Función Judicial, marcado por los cuestionamientos al presidente del Consejo de la Judicatura, Mario Godoy, quien ha sido señalado de presuntamente intentar influir en procesos penales en los que tendría interés. A esto se suma la polémica que rodea al actual presidente encargado de la CNJ, José Suing, por haber incluido a Godoy en la terna enviada al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), organismo que finalmente lo designó.
Fuentes del sector judicial consideran que la renuncia de Tapia no es un hecho aislado, sino una señal de alerta sobre el desgaste interno y la fragilidad institucional que enfrenta el sistema de justicia. Su salida deja un vacío en la conducción temporal de la Corte Nacional y abre interrogantes sobre los próximos pasos para recomponer la credibilidad del organismo.
Mientras tanto, distintos actores políticos y jurídicos observan con atención el desarrollo de los acontecimientos, en un escenario donde la independencia judicial y la transparencia en las designaciones vuelven a estar en el centro del debate público.